Hay una cala a veinte minutos del centro de Sant Antoni a la que casi nadie va andando, porque el sendero no está señalizado y el aparcamiento queda en otra parte. El agua es tranquila, con poca profundidad en la orilla y unos cuatro metros en el centro — de esas donde metes la cara y ves el fondo al instante.
Entramos juntos, reparto gafas, tubo y aletas, y pasamos hora y media en el agua. A un lado hay praderas de posidonia, que es donde están los peces: salpas, budiones y algún pulpo si tenemos paciencia cerca de las rocas. Te voy contando qué estás viendo y por qué la posidonia importa, sin convertirlo en una clase.
No hace falta experiencia ni ser buen nadador: nos quedamos donde haces pie si lo prefieres. Si nunca has usado un tubo, dedicamos diez minutos en la orilla hasta que respirar por él deje de resultar raro. Ven solo o con la familia; llevo a una persona con el mismo gusto que a ocho.