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Cincuenta segundos al atardecer: ver el eclipse en Ibiza con seguridad y volver a casa

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Cincuenta segundos al atardecer: ver el eclipse en Ibiza con seguridad y volver a casa
Ilustración con IAAI illustration · Journi · AI-generated

El miércoles 12 de agosto de 2026 un eclipse solar total cruza España de oeste a este y a Ibiza le toca el final del recorrido. La fase parcial empieza hacia las 19:38 (hora de Baleares), el Sol queda tapado del todo en torno a las 20:32-20:33 y la totalidad aquí dura menos de un minuto: alrededor de cincuenta segundos. Todo ocurre con el Sol a dos o tres grados sobre el horizonte oeste, a pocos minutos de ponerse. Ese único dato condiciona la tarde entera: si vas a ver algo o no, qué tiene que haber delante de tus ojos y de tus objetivos, y cómo vuelves después, que es la parte que casi nadie planifica.

Cincuenta segundos, muy bajo y mirando al oeste

La franja de totalidad atraviesa la península por A Coruña, Oviedo, León, Bilbao, Zaragoza y Valencia antes de llegar a Baleares: entra primero por Menorca, sigue por Mallorca y Palma, toca Ibiza y pasa por Formentera. En Mallorca la totalidad dura alrededor de minuto y medio. Ibiza se queda con sus cincuenta segundos, y con el Sol casi rozando el agua.

Dos o tres grados no son nada. Una cresta de pinos, un bloque de hoteles dos calles hacia el interior, la punta que cierra la cala, un banco de calima mar adentro: cualquiera de esas cosas se lleva el Sol antes que la Luna. Tener el horizonte oeste despejado importa más que cualquier otra decisión de ese día, y conviene comprobarlo de día y sobre el terreno en vez de fiarte de un mapa.

El filtro se pone a las 19:38 y no se quita

Desde el primer mordisco al disco solar hasta que empieza la totalidad —cerca de una hora— necesitas un filtro solar homologado entre el Sol y tus ojos cada vez que mires. Las gafas de sol no sirven: ni dos pares superpuestos, ni polarizadas, ni las más oscuras que tengas. Tampoco el cristal ahumado, un trozo viejo de película fotográfica, un cristal de soldador cuya graduación no puedes verificar, ni la pantalla del móvil puesta por delante a modo de escudo. El Govern balear mantiene las normas vigentes y la lista de lo que sí vale en eclipsisegur.caib.es.

El filtro solo se retira durante los segundos de totalidad, y vuelve a su sitio de inmediato. Con una ventana tan corta, mucha gente decidirá no quitárselo en ningún momento y limitarse a ver cómo la luz se vuelve rara alrededor. Es una forma perfectamente razonable de vivirlo.

Un sol naranja y bajo es justo la trampa

El rato más peligroso de la tarde es el que parece más inofensivo. Un sol bajo, suavizado por la calima, parece manso: cualquier tarde de julio le echas un vistazo y no pasa nada. Lo que juzga el ojo es el brillo visible, y buena parte de lo que daña la retina es radiación que no se percibe como deslumbramiento. Además la retina no tiene receptores de dolor, así que nada te avisa de que tienes que apartar la vista; la lesión suele aparecer horas después o a la mañana siguiente.

Ese "hoy no pega tanto" es exactamente el razonamiento que llena las consultas de oftalmología la semana siguiente a un eclipse. Si estás mirando hacia el Sol y no está tapado del todo, el filtro va puesto.

Cámara, móvil y prismáticos necesitan su propio filtro

Un filtro delante de los ojos no protege nada que tenga una lente por delante. Unos prismáticos, un telescopio o un teleobjetivo largo recogen luz y la concentran; apuntarlos al Sol sin filtro es peor que mirar a ojo desnudo, y unas gafas de eclipse no están pensadas para aguantar ese haz concentrado. El filtro va delante del objetivo, del lado del cielo, nunca en el ocular.

Con el móvil pasa lo mismo en pequeño: el sensor se puede estropear y el premio es un puntito naranja. Con cincuenta segundos por delante, lo sensato es mirar en vez de disparar; alguien que esté a unos metros tendrá una foto mejor colgada esa misma noche.

Dónde ponerse

El Govern balear ha habilitado 26 zonas oficiales de observación en las cuatro islas. En Ibiza son Cala Gració, Cala Molí, Cala Comte, Sa Pedrera (Port des Torrent), Cala Llentia y la costa de Sant Antoni. Todas miran al oeste, que es justamente el criterio; la lista oficial y las normas de acceso que acaben aplicándose están en eclipsisegur.caib.es.

No son equivalentes en la práctica. El paseo de Sant Antoni tiene acera, farolas y sitios donde dejar el coche que no son un arcén de tierra. Las calas dan mejor horizonte y una salida bastante peor. Cala Comte es de esos sitios que ya se llenan una tarde normal de agosto: una merienda al atardecer sobre las rocas de allí es un plan corriente en Ibiza, y esa tarde no lo va a ser. En el agua no hay nada que se interponga, así que si tenías en mente una navegación al atardecer frente a Es Vedrà, pregunta directamente al armador qué hace el día 12 antes de dar nada por hecho.

Lo que nadie planifica: todo el mundo se va a la vez y de noche

La totalidad termina y el Sol se pone pocos minutos después. No hay hora dorada que estire la salida ni reparta a la gente. Todos los que han bajado en coche a una cala vuelven al aparcamiento al mismo tiempo, a oscuras, por caminos de piedra suelta y raíces de pino.

Llévate una linterna de verdad o un frontal. La del móvil se come la batería que vas a necesitar para la vuelta y alumbra mal el suelo; quien organiza cosas como un snorkel nocturno con linternas no usa el móvil por algo. Haz el camino de bajada con luz y fíjate en dónde están los escalones y la piedra incómoda.

No aparques en el arcén de una carretera de cala. Son estrechas, y una fila de coches en el margen las convierte en un carril único justo cuando todo el mundo quiere irse; y es el mismo carril que necesitaría una ambulancia. Aparca donde te parecería bien estar aparcado a medianoche y camina el último tramo. Da por hecho que la vuelta será lenta, no reserves cena para justo después y conduce contando con peatones de ropa oscura por carreteras sin iluminar. Si puedes llegar a la costa de Sant Antoni sin coche, esa es la versión de la tarde con menos maneras de salir mal: mira antes el horario de vuelta.

Un apunte honesto para acabar: a dos o tres grados, un banco de nubes mar adentro basta para dejarte sin nada, y eso no se arregla planificando. Merece la pena ir igual. El cielo se pone raro de una forma que justifica estar fuera, aunque sea con el filtro puesto.